En las últimas semanas se han difundido reportes sobre presión asistencial en hospitales públicos de Pichincha, con reducción de cirugías programadas y limitaciones de abastecimiento, según declaraciones de gremios y cobertura de medios nacionales.
Desde la obstetricia, esto obliga a reforzar un mensaje clave: en embarazo, el tiempo sí importa, y postergar controles puede convertir riesgos prevenibles en urgencias.
Cuando un sistema está congestionado, suele haber más demoras para citas, exámenes y derivaciones. En gestantes, esas demoras pueden retrasar el diagnóstico de anemia, infecciones urinarias, hipertensión gestacional, alteraciones del crecimiento fetal o amenaza de parto pretérmino. Por eso, la estrategia más segura no es “esperar a que haya síntomas fuertes”, sino mantener controles prenatales oportunos y escalamiento temprano si aparece una señal de alarma.
¿Qué cambia para una embarazada cuando hay congestión hospitalaria?
Desde la práctica clínica, los efectos más frecuentes son:
-
más tiempo de espera para consulta y laboratorio,
-
dificultad para conseguir cupos de ecografía en ventanas clave,
-
interrupciones de continuidad entre primer nivel y hospital,
-
saturación de emergencias con casos que pudieron resolverse antes.
Esto no significa “entrar en pánico”, sino organizar mejor la ruta de control prenatal en red público-privada, según disponibilidad real y nivel de riesgo obstétrico.
Controles prenatales: qué no se debe diferir
Aunque el calendario se individualiza, hay hitos que no conviene mover:
-
confirmación y primera valoración temprana,
-
tamizajes maternos de laboratorio,
-
ecografías en periodos críticos,
-
vigilancia de presión arterial, peso y síntomas,
-
reevaluación inmediata si aparece una alerta clínica.
Las guías nacionales del MSP históricamente enfatizan inicio temprano y seguimiento periódico del control prenatal.
Señales de alarma que requieren atención el mismo día
Toda paciente embarazada debe consultar de inmediato si presenta:
-
sangrado vaginal,
-
dolor abdominal intenso o contracciones regulares antes de término,
-
fiebre, disuria o dolor lumbar,
-
cefalea intensa persistente, fosfenos o edema súbito,
-
disminución marcada de movimientos fetales (según edad gestacional),
-
salida de líquido vaginal en cantidad.
En contexto de presión hospitalaria, reconocer estas señales temprano reduce complicaciones materno-fetales.
Plan práctico para actuar a tiempo en Quito
Recomiendo a mis pacientes un plan simple de 6 pasos:
-
Agendar el siguiente control antes de salir de consulta.
-
Llevar carpeta única con exámenes, ecografías y medicación actual.
-
Definir ruta A (centro habitual) y ruta B (alternativa público/privada).
-
No esperar “a ver si pasa” ante síntomas urinarios, hipertensión o sangrado.
-
Mantener canales de contacto activos para reprogramación rápida.
-
Tener lista de emergencia (hospital de referencia, transporte y acompañante).
Público y privado: no es competencia, es complementariedad
En escenarios de alta demanda, la mejor respuesta no es ideológica sino clínica: usar la red disponible de forma coordinada.
Si un examen no consigue cupo oportuno en un punto de atención, se puede resolver en otro nivel asistencial y regresar al circuito de seguimiento. Lo importante es no perder la continuidad prenatal.
Mensaje final
La congestión hospitalaria es un reto real de salud pública, pero en obstetricia la conducta correcta sigue siendo clara: control temprano, vigilancia continua y consulta inmediata ante alarmas.
Un embarazo bien monitorizado reduce riesgos y permite tomar decisiones a tiempo, incluso en contextos de alta presión del sistema.
