El panorama global de salud materno-neonatal sigue enviando una señal clara: no basta con “hacer controles”, hay que hacer controles oportunos, completos y con enfoque de riesgo.
Aunque en las últimas décadas hubo avances, las cifras recientes confirman que miles de muertes maternas y neonatales continúan ocurriendo por causas prevenibles, especialmente en entornos con acceso desigual a servicios de calidad.
En 2023 se estimaron alrededor de 260.000 muertes maternas a nivel mundial, y más del 90% ocurrió en países de ingresos bajos y medianos bajos; además, la razón global de mortalidad materna sigue lejos de la meta ODS para 2030.
En paralelo, UNICEF reporta que en 2022 murieron aproximadamente 2,3 millones de recién nacidos, con fuerte impacto en contextos de conflicto y desplazamiento.
¿Qué significa esto para la práctica clínica prenatal hoy?
Significa que el control prenatal debe pasar de un modelo “de rutina” a un modelo estratificado por riesgo, reforzando tres momentos críticos:
1) Primer trimestre: identificar riesgo temprano
-
Confirmar viabilidad y edad gestacional con precisión.
-
Tamizaje inicial de riesgo materno (hipertensión, comorbilidades, antecedentes obstétricos).
-
Detección de factores sociales que condicionan adherencia y acceso (distancia, costos, soporte familiar).
Clave: cuanto antes se identifica el riesgo, mayor capacidad de prevención.
2) Segundo trimestre: anticipar complicaciones
-
Reevaluar crecimiento fetal y anatomía.
-
Vigilar signos de trastornos hipertensivos y otras complicaciones obstétricas.
-
Reforzar educación materna sobre síntomas de alarma y rutas de atención urgente.
Clave: no esperar a “síntomas graves” para actuar.
3) Tercer trimestre: reducir eventos evitables periparto
-
Control estrecho de bienestar fetal y estado materno.
-
Planificación del nacimiento con criterios clínicos claros.
-
Preparación de respuesta rápida ante hemorragia, infección, hipertensión severa o compromiso fetal.
Clave: llegar al parto con un plan clínico explícito disminuye retrasos críticos.
Señales de alerta que no deben normalizarse
En cualquier trimestre, estos signos requieren valoración médica inmediata:
-
Cefalea intensa persistente, alteraciones visuales, dolor epigástrico.
-
Disminución marcada de movimientos fetales.
-
Sangrado vaginal, fiebre o dolor abdominal progresivo.
-
Disnea, edema súbito o deterioro general.
Lectura clínica de la “señal global” para 2026
La tendencia internacional no invita al alarmismo, sino a la acción clínica inteligente:
-
detección temprana,
-
seguimiento frecuente según riesgo,
-
continuidad asistencial hasta puerperio,
-
educación de la paciente para reconocer urgencias.
La evidencia reciente también advierte que recortes de financiamiento y crisis humanitarias pueden revertir avances, por lo que fortalecer la atención materno-neonatal es una prioridad sanitaria real, no teórica.
Conclusión
Si el mensaje global es que aún existen demasiados eventos prevenibles, la respuesta local debe ser un control prenatal más preciso, oportuno y personalizado.
En salud materno-neonatal, el tiempo diagnóstico y la calidad del seguimiento siguen siendo la diferencia entre complicación y prevención.
¿Por qué se habla de “recién nacidos en riesgo” si hubo avances globales?
Porque, aunque la mortalidad ha disminuido frente a décadas previas, la carga sigue siendo alta y desigual. Persisten muertes prevenibles por acceso tardío, calidad irregular de atención y barreras sociales.
¿Cuál es el periodo más importante del control prenatal?
Todos los trimestres son importantes, pero el primer trimestre es clave para identificar riesgo temprano y planificar seguimiento; el tercer trimestre es crítico para prevenir eventos graves alrededor del parto.
¿Qué complicaciones deben vigilarse con mayor prioridad?
Trastornos hipertensivos del embarazo, hemorragia, infección, restricción del crecimiento fetal y compromiso de bienestar fetal, entre otras condiciones obstétricas de alto impacto.
¿Qué signos obligan a consulta urgente?
Cefalea intensa persistente, visión borrosa, sangrado vaginal, fiebre, dolor abdominal progresivo, disminución de movimientos fetales, dificultad respiratoria o edema súbito.
¿Qué mejora más los resultados materno-neonatales?
Inicio temprano del control prenatal, estratificación por riesgo, seguimiento continuo, educación de la gestante y acceso rápido a atención de emergencia obstétrica cuando aparezcan alertas.
