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Cada 4 de febrero se conmemora el Día Mundial contra el Cáncer, una fecha para recordar que la detección temprana puede marcar una diferencia real. En salud femenina, hay tres chequeos que, por su impacto, vale la pena tener siempre presentes: el tamizaje de cuello uterino, el control de mama y una evaluación personalizada de riesgo.


1) Cuello uterino: Papanicolaou y/o prueba de VPH (según tu edad)

El cáncer de cuello uterino suele avanzar en silencio al inicio. Por eso, los controles preventivos existen: para detectar cambios a tiempo, antes de que se conviertan en un problema serio. En consulta, según tu edad, antecedentes y resultados previos, el tamizaje puede incluir Papanicolaou, prueba de VPH o ambos. Lo importante no es solo “hacerse el examen”, sino hacerlo con el plan correcto y con seguimiento cuando corresponde.

Consulta antes de tu control si has tenido resultados anormales previos, si presentas sangrado después de relaciones, si tienes flujo con mal olor persistente, dolor pélvico que no se explica, o si han pasado años desde tu último control preventivo. Un chequeo oportuno no solo busca detectar a tiempo: también te da claridad y tranquilidad.


2) Mama: examen clínico y ecografía mamaria cuando corresponde

La salud mamaria no se reduce a “revisar si hay un bulto”. Un control bien hecho incluye evaluación clínica, y cuando está indicado, estudios complementarios como la ecografía mamaria. En muchas mujeres, especialmente si hay síntomas o hallazgos al examen, la ecografía es un recurso útil para orientar el diagnóstico y decidir los siguientes pasos. Si notas un cambio, no lo normalices por miedo o por falta de tiempo: lo sensato es valorarlo.

Conviene consultar sin esperar si aparece un bulto nuevo o que aumenta de tamaño, cambios en la piel (hundimientos, engrosamiento o aspecto “piel de naranja”), cambios del pezón (retracción reciente), secreción con sangre, o dolor localizado persistente en un punto específico. La mayoría de hallazgos no serán algo grave, pero solo se puede saber con una evaluación adecuada.


3) Evaluación personalizada de riesgo: el chequeo “que casi nadie hace”

Este punto suele ser el más subestimado, pero es decisivo. Dos mujeres pueden tener la misma edad y, sin embargo, tener riesgos muy diferentes. Una consulta orientada a prevención revisa antecedentes familiares (por ejemplo, cáncer de mama, ovario, colon o cuello uterino), tu historial hormonal y reproductivo, síntomas que se repiten o no se explican, y factores modificables del estilo de vida. El objetivo no es alarmar: es priorizar qué exámenes realmente valen más para ti y con qué frecuencia debes hacerlos.

A veces, este análisis es lo que ayuda a ordenar todo: qué hacer primero, qué exámenes son imprescindibles, y cuándo hay que intensificar el seguimiento. En prevención, “un plan hecho a tu medida” suele ser más valioso que hacerse estudios al azar.


Preguntas frecuentes

¿Por qué tres chequeos y no un solo examen?

Porque la prevención es integral. Cuello uterino, mama y riesgo individual son frentes distintos. Cubrirlos aumenta la probabilidad de detectar a tiempo y de tomar mejores decisiones.

¿Si no tengo síntomas igual debo controlarme?

Sí. Precisamente, la detección temprana busca encontrar cambios antes de que den síntomas.

¿Con qué frecuencia debo hacerme estos controles?

Depende de tu edad, antecedentes y resultados previos. Lo correcto es definir un plan personalizado en consulta.

¿Es normal sentir miedo al resultado?

Sí, es muy común. Pero postergar suele aumentar la ansiedad. Un control oportuno suele traer claridad y, muchas veces, tranquilidad.


Mensaje final

En este Día Mundial contra el Cáncer (4 de febrero 2026), la mejor forma de cuidar tu salud es convertir la prevención en una acción concreta: agenda tu control, revisa tu historial, y define un plan de chequeos para este año. La detección temprana puede cambiar el pronóstico, y en muchos casos, puede cambiarlo todo.

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